Cerca de 1500 personas, la mitad niños, acuden cada día al basurero «la Chureca» de Managua, Nicaragua, cerca del barrio de Acahualinca, en la ribera del gran lago Nicaragua; sobreviven con el poco dinero que obtienen de la recogida y venta de los desechos. Recogen plástico, vidrio, papel, aluminio y otros metales. En los días «buenos» se puede recoger un quintal de plástico, otro tanto de vidrio y diez libras de aluminio. Familias enteras trabajan todo el día, desde las seis de la mañana en este infierno, refugiándose del sol o de la lluvia bajo una caja de cartón o a la sombra del carro «de familia». Los niños, incluso desde los cuatro años, comienzan ayudando a vigilar el material recogido, seleccionando o volviendo a limpiar.
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