La gran aportación de Calasanz fue, hace más de 400 años, mostrar el camino para cambiar el mundo: la educación cristiana transformadora que supone la felicidad actual y futura de cada niño, niña, adolescente y joven, especialmente pobres, que supone la transformación de nuestra sociedad y la renovación de la Iglesia, que conlleva dar gloria a Dios porque es lo que Dios quiere para todos.
