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Cada Sábado Santo es una llamada a la espera activa, desde el sufrimiento de hacer acompañado una vez más la muerte de Jesús y tantas cruces de nuestro mundo de hoy, desde el vacío de no saber qué decir ni hacer, y desde la esperanza que ya se comienza a vislumbrar de que todo puede ser diferente si colaboramos con el Señor, que todo va a ser diferente y acabará en las manos del Dios Padre que siempre nos sorprender con su amor.