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Es muy rica la experiencia comunitaria escolapia en Cochabamba: cuatro religiosos (de tras países diferentes), un matrimonio enviado por la Provincia y Fraternidad desde Brasil), un prenovicio, ahora temporalmente una joven de discernimiento… en una comunidad que es de la Orden y también de la Fraternidad, donde semanalmente se unen dos miembros más de la Fraternidad y otras dos jóvenes de discernimiento.

Es una especie de Pentecostés, donde las «lenguas» son muy diferentes, pero el Señor nos une en Calasanz.

El gran desafío ahora es la misión en esta situación de cuarentena muy controlada donde es muy difícil atender la obra escolapia: un colegio con dos mil alumnos, una parroquia, dos residencias para posibilidades estudios superiores, el Centro Calasanz, el Movimiento Calasanz… y las necesidades, cada vez más apremiantes, de personas en situaciones complicadas.

¡Preciosa y curiosa comunidad escolapia!