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Un artículo de The New York Times» para tomar conciencia.

La contaminación por mercurio es uno de los flagelos del planeta. Por eso, en 2013, un grupo de países firmó el Convenio de Minamata, en el que se comprometieron a dejar de utilizarlo. Pero la realidad es que aún hay niños afectados por sus efectos, comunidades indígenas azotadas por sus estragos y pescados tóxicos que llegan todos los días a nuestra mesa.

Parte de la explicación es que, a pesar de que se sabe que el mercurio es nocivo para la salud y el medioambiente, hay una gran demanda de oro a nivel mundial: https://bitly.ws/VJpR

Este elemento tóxico ayuda a separar el oro del lodo al amalgamarse con el metal. Luego la mezcla se calienta y el mercurio se evapora. Unos 10 millones de personas en 70 países siguen usando mercurio en la minería, según las Naciones Unidas.

El mercurio líquido se emplea para extraer el oro del fango. Surinam es un ejemplo vivo de los efectos del mercurio, en donde se consigue de contrabando y a bajo costo. En ese pequeño país sudamericano, el oro constituye alrededor del 85 por ciento de sus exportaciones. La industria minera emplea alrededor de 15 de cada 100 trabajadores surinameses: https://bitly.ws/VJq8

Unos análisis realizados a miembros de la comunidad indígena wayana, establecida en el sur de Surinam y otros países limítrofes, revelaron que tienen el doble o triple de los niveles médicamente aceptables de mercurio en la sangre.

“Ya no se nos permite comer ciertos pescados”, dijo una integrante del pueblo. “Pero no hay nada más. Es lo que siempre hemos comido”.