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PRO AURO ET ARGENTO del P. Javier Agudo de la Cruz Sch. P.
Entiendo que no es habitual ver a Calasanz en un cuadro como el que ahora presento. Normalmente se le representa dedicado a la docencia, rodeado de niños, en ambiente escolar… No es el caso de este cuadro que he querido titular “Pro auro et argento, Pauperes Matris Dei” (En lugar del oro y la plata, Pobres de la Madre de Dios).
El tema de la pintura tiene que ver con el cáliz que José de Calasanz regaló a su pueblo natal, Peralta de la Sal. Pero en el fondo ese cáliz no es más que una excusa a la que he recurrido para adentrarme en una inefable “conversión” que tuvo lugar en el espíritu, ya reformador, de Calasanz.
El cuadro es atemporal, no representa ninguna situación o época concreta. Pero sí nos está hablando de lo acontecido en el interior de Calasanz en la década que va de 1592 a 1602, más o menos. De este acontecimiento interior en Calasanz ya nos habla el P. Severino Giner, que en su libro San José de Calasanz de la colección BAC Popular escribe: “Por otra parte, tanto este como otros testigos de primera hora se complacen en detallar que el joven sacerdote vestía de seda. Y todo cambió radicalmente. Es decir, que en estos años se intuye que está apuntando el Santo”.
Su elegante presencia, sus vestidos de seda, su preocupación por una canonjía, sus relaciones con el alto clero de Roma, cardenal Colonna y otros, etc… nos dibujan a un buen sacerdote, sin duda, culto, trabajador, imbuido de las ideas reformadoras del Concilio de Trento… pero mundano, permítaseme la expresión, en sus intereses, apariencias, amistades,
etc….
Es al principio de su estancia en Roma, cuando este sacerdote, Calasanz, envía a su pueblo, hemos de entender que a la parroquia de Peralta de la Sal, en el Reino de Aragón, el citado cáliz, de plata dorada, que hoy cualquier anticuario firmaría ser un magnífico y valioso cáliz renacentista, que debió ser costoso ya en su tiempo, y con un texto grabado en una cartela de plata, en el pie del cáliz, que reza: «PRO FERRO ARGENTVM ET AVRVM 1593». “Por el hierro, oro y plata, 1593”, haciendo referencia al oficio o negocio familiar de la herrería, posiblemente regentada por su padre.
Siempre pensé que tras ese texto grabado en plata y dorado, había algo de jactancia o arrogancia… que por otro lado concuerdan sencillamente con el sacerdote Calasanz, vestido de seda, en busca de una canonjía, codeándose con varios de los cardenales de Roma…
Es en esa década de 1592 a 1602, en el alma de Calasanz, van a suceder
acontecimientos, experiencias, encuentros, que van a dar un giro de 180 grados a su camino vital. Y no al principio de esa década. Parece que es a partir de 1595 cuando comienza a vislumbrar otras realidades a través de su actividad en la Archicofradía de los Santos Apóstoles, cuya finalidad era atender a los pobres, visitando esporádicamente el Trastévere y otros rabales de Roma, y ya hacia 1598 se hace asiduo del Trastévere, a unos tres kilómetros de su residencia habitual en el Palacio Colonna.
Allí se encuentra con otra realidad, nos escribe el P. Severino Giner “Este frecuente contacto con la pobreza y la miseria del pueblo, en contraste con la suntuosidad y la abundancia que podía ver diariamente en su propia residencia principesca del palacio Colonna, le trastornaron el alma”. El encuentro con el mundo de los pobres le lleva a profundizar en la vida de San Francisco -il poverello-. De esto nos hablan algunos acontecimientos. El 18 de julio de 1599 ingresa en la Venerable Archicofradía de las Llagas de San Francisco. Inicia un viaje que va a ser esencialmente espiritual, a Asís.
Todo este roce con el mundo de la pobreza de los barrios de Roma, los compromisos sociales y religiosos que implicaban su pertenencia y quehacer de esas cofradías, y la espiritualidad franciscana, le conmueven profundamente. Contaba Calasanz entonces con 45 años.
En ese lento proceso va abriendo sus ojos a otros horizontes, y su alma va captando otras realidades que de improviso le resultan mucho más atractivas que sus soñadas prebendas, sedas y canonjías.
Todos sabemos lo que ocurre después, los niños pobres, las primeras escuelas, sus primeros compañeros, su intuición poco comprendida por la sociedad y la iglesia en un primer momento, le roban el corazón y van a forjar, en un largo proceso, y dar cuerpo a una nueva Orden, que tendrá como uno de sus pilares esenciales la pobreza. De ahí el núcleo del título que busca para ella “Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías”
Recomiendo a todos, por no alargarme aquí, que en definitiva estoy presentando un cuadro, la lectura detenida y meditada de las primeras Constituciones que escribe Calasanz,
especialmente el Capítulo V LA POBRREZA y el Capítulo VI LA ROPA, creo que serán suficientemente elocuentes para ilustrar la transformación habida en Nuestro Santo Padre, a la que estoy haciendo referencia.
Quien mandó a su tierra natal un magnífico y costoso cáliz de plata dorada, escribirá ahora en sus constituciones: Nº 68 “No se tolere vaso sagrado de oro o plata, excepto la copa del cáliz y del copón, que debe ser de plata. Todo ha de estar conforme con nuestro estado y
ministerio de suma pobreza”.
EL CUADRO
En el cuadro que os presento, Calasanz tiene en sus manos el cáliz que regaló a su pueblo. En el cáliz la inscripción original no está, expresamente he querido borrarla, puesto que el propio cuadro la reformula. Sólo aparece la fecha 1593. Calasanz tiene una mirada clara, firme, segura como de quien sabe lo que quiere, de quien sabe a dónde va, y lo que arriesga en ello.
Un fondo de arcos, en dos escenarios diferentes, quiere señalar los dos tiempos de aquella década. Lo que queda atrás, más oscuro, más burocrático, más eclesiástico, iluminado por la luz de una sencilla vela que arde, el espacio vital que habitaba el Calasanz anterior a
1598, por citar la mitad de aquellos diez años.
Otro escenario, luminoso, menos ténebre, acoge ahora al Santo, que recibe la luz del frente, donde tiene fija su mirada, es el futuro que sueña…. Pero además de esa luz, que le convoca a una nueva vocación para la Iglesia y su reforma, otra sale de él mismo, lleno del espíritu de Dios que le llama a ser padre del pobre y asilo del huérfano (Salmo 10, 17-18). Ya no es una vela de cera la que está dando luz sino es el mismo Calasanz, que arde, ilumina, fulge.
Es el Calasanz que ya ha descubierto “la manera de servir a Dios y no la cambiará por nada de este mundo”.
De ahí el título de este cuadro “Pro auro et argento, Pauperes Matris Dei”. (En lugar del oro y la plata, Pobres de la Madre de Dios).
El que en un momento de su vida cambiaba el hierro por plata y oro, cambia ahora el oro y la plata y cualquier otra cosa valiosa de este mundo por ser, con sus compañeros, “Pobres de la Madre de Dios”.
En la década que quiere resumir este cuadro, Calasanz no era religioso sino sacerdote, por eso aparece con sotana, sin ceñidor, y con un solideo negro que era muy usado por los
sacerdotes de la época. Cuando años después escribe las Constituciones, indicará en el punto 158. “Los Sacerdotes y Clérigos lleven bonete en forma de cruz. Los Hermanos, una
especie de solideo que denote sencillez”.
El cuadro está realizado sobre un tablero de contrachapado hidrófugo de 1 cm de grueso, lo que garantiza su duración. Se ha pintado con acrílicos marca Amsterdam. Mide 110 x 80 cm y se acabó de pintar en diciembre de 2025.
No es mi pretensión que os guste, sino que nos ayude a pensar.
En Coruña a 21 de diciembre de 2025