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Ante la gran ola de problemas y dificultades que enfrentan nuestros jóvenes en Estados Unidos, Puerto Rico y Cuba, el Movimiento Calasanz y sus espacios son como pequeños oasis para fomentar un ambiente seguro en el que nuestros jóvenes se encuentren y puedan salir adelante.

En Puerto Rico, este mes de febrero comenzamos con paso firme la experiencia del Movimiento Calasanz en nuestra escuela de San Juan, Colegio Calasanz, una experiencia reconfortante, ya que se les ha brindado a algunos de los estudiantes la oportunidad de ser sus monitores junto a una de las maestras. Ellos se estarán reuniendo los jueves, para compartir la vida por medio de diversas actividades; ya la voz se va regando y muchos más quieren unirse a la aventura.

En Cuba, como es bien sabido, por el contexto actual y la realidad social que viven, el Movimiento Calasanz se ha vuelto referente de un lugar de paz y seguridad donde los niños y jóvenes se reúnen cada sábado, situados en la esperanza, en un sitio donde pueden encontrar alimento, formación y espacios de diversión. Un lugar para despejar la mente y encontrar esperanza en tiempos complejos. Es impresionante cómo cada reunión refleja la necesidad y el hambre que estos jóvenes tienen de poder construir y vivir un porvenir mejor.

En Estados Unidos, de manera muy concreta, me gustaría detenerme en la obra de Kentucky, nuestra escuela gratuita, donde los jóvenes viven en situación de pobreza; allí, cada viernes, alrededor del café y las donas, se reúnen para crecer en la fe, compartir la esperanza y disfrutar de un espacio seguro. Ya desde nuestra presencia en Nueva York, en medio de la incertidumbre política y ante la creciente ola de situaciones tensas para la comunidad latina, nuestros niños y jóvenes, junto con sus padres, son acompañados y se les ofrece un espacio de diversión, formación y acompañamiento. Sin lugar a duda algo que se necesita ante esta escalada de dificultad, racismo y segregación.

No tenemos un evento singular en este momento en nuestra Provincia para poder compartir, pero creemos fielmente que la labor pequeña que se hace día con día es la gran construcción de un cambio futuro, que esta pequeña semilla sembrada en cada uno de los sitios son ya la gran noticia para avivar la fe, la esperanza y el amor; ya que ese acompañamiento y formación que les brindamos a nuestros jóvenes se ve reflejado en su entrega y deseo de seguir dando aquello que reciben.