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¿No os sucede que, cuando vivís algo extraordinariamente valioso, sentís espontáneamente el deseo de contarlo, de hacer partícipes a otros, de decir, con una mezcla de emoción y gratitud: ¡Ojalá tú también pudieras experimentarlo!
Cuando algo verdadero y luminoso irrumpe en nuestra vida, nace dentro de nosotros una necesidad inevitable de compartirlo. Como si el corazón no pudiera guardarlo solo para sí mismo, como si nuestra alegría, para ser plena, necesitara abrirse a los demás, como si el silencio terminara por empobrecerla.
Los clásicos lo expresaban con una intuición sencilla y certera: bonum est diffusivum sui[1], el bien, por su propia naturaleza, tiende a difundirse. Algo así he ido experimentando en estos meses.
He cambiado el tema previsto para la Salutatio de marzo. Así nace esta carta, sin pretensiones, como una sencilla narración de vida. Podría decirse que es una especie de crónica de viaje, escrita desde la emoción, la gratitud y el reconocimiento. Un pequeño reportaje del alma que nace de una convicción:

Las Escuelas Pías están vivas.
Sí, la vida escolapia sigue brotando con una fuerza sorprendente. Cuando uno experimenta esta vida, surge inevitablemente una alegría que no puede esconderse. Es la alegría de la que habla Jesús en el Evangelio: y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría.[2] No es una alegría superficial ni ingenua, es la alegría pascual, tejida de cruz y de esperanza. Es la alegría del Evangelio[3] que se hace visible en el rostro de tantos alumnos que se sienten felices y seguros en nuestras escuelas, en jóvenes que continúan soñando incluso en contextos marginados, en educadores que siguen entregándose, y en escolapios que viven su vocación con autenticidad (…).
Tal vez aquí está la clave espiritual de lo que estamos viviendo.
El Evangelio conoce bien dos actitudes del corazón. Una es la sklerokardíael corazón endurecido, incapaz de reconocer la acción de Dios incluso cuando está delante; es el corazón del que Jesús se lamenta cuando dice: ¿Aún no comprendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido? (Mc 8, 17). Pero existe también la otra actitud, la que define el corazón de Jesússplagchnízomai, el dejarse conmover en las entrañas. No se trata solo de percibir a Dios, sino de sentir la necesidad de acercarse a quienes más se encuentran desamparados. Así ocurre cuando, al ver a la multitud, se compadeció de ellos, porque estaban cansados y abatidos (Mt 9, 36). Entre el corazón endurecido y el corazón conmovido se juega, en el fondo, nuestra capacidad de reconocer la vida que Dios sigue regalando y de responder a ella con cercanía y entrega.
Lo que estoy percibiendo es vida: una vida sincera, valiente y generosa, a veces velada. Una vida que confirma que el carisma de Calasanz es una semilla fecunda, capaz de seguir germinando en nuestro tiempo, de engendrar vida, y de hacer crecer a otros.

Quisiera compartir a continuación lo que he ido atesorando en estos últimos meses. Naturalmente, solo puedo destacar algunos momentos.
En Peralta de la Sal vivimos la ordenación episcopal de Pedro, con una representación significativa de toda la Orden. Fue un momento de gran comunión escolapia en la tierra de Calasanz, en el que agradecimos a Dios este don que la Iglesia recibe.
En Benín, en el marco de Escuelas Pías en Salida, he encontrado una primera y pequeña comunidad de escolapios que sostiene una gran misión, y literalmente, la construye: la escuela, los internados, la parroquia bajo las palmeras, y los diversos proyectos creativos orientados a mejorar el entorno social y la vida de las familias.
La Ruta Calasancia, preparación para la profesión solemne de nuestros hermanos de distintas Demarcaciones, es llamada con afecto el campamento de verano escolapio de San Pantaleo. Allí acaban formando una nueva y gran comunidad, intercultural, abierta y apasionada por la misión; un espacio donde compartir el reto y el gozo de ser religiosos escolapios hoy.
En Vietnam hemos vivido un acontecimiento histórico: por primera vez en el país, la ordenación de tres escolapios, Phạm Văn Lượng, Nguyễn Hữu Lợi, y Phạm Văn Lê. La relación con los obispos, que nos esperan y nos animan a seguir creciendo, confirma que nuestra presencia es querida y necesaria. Allí brotan vocaciones jóvenes con un deseo ferviente de vivir como escolapios.
En Estados Unidos y Puerto Rico se consolida una realidad cada vez más intercultural, tanto en las comunidades como en nuestros ministerios, especialmente en las parroquias. Allí los fieles son testigos de la fidelidad y cercanía de sus pastores, y nuestras presencias se convierten en lugares de acogida y acompañamiento en contextos complejos.
En Filipinas se percibe un nuevo aliento vocacional, con novicios y prenovicios que viven su vocación con entusiasmo y exigencia. En Cebú, una escuela ganada palmo a palmo, fruto de esta perseverancia tan escolapia.
En la India encontramos una casa de formación con jóvenes escolapios llenos de talento, disponibles y serviciales. Allí crecen también escuelas que, año tras año, aumentan en clases y alumnos, extendiendo la presencia escolapia en distintos estados del país.
Cataluña cuida su solidez pedagógica y su capacidad de innovación, con equipos de gran competencia y sensibilidad hacia los alumnos más vulnerables; son auténticos expertos en inclusión, y hacen del carisma una propuesta educativa de calidad y equidad.
En Brasil encontramos presencias escolapias cada vez más asentadas y comunidades de formación donde jóvenes escolapios crecen en identidad y compromiso. Allí se mantiene siempre viva la atención a la dimensión social, a través de los centros socioculturales de Itaka-Escolapios, con personas clave expertas y comprometidas. También el cautivador proyecto Sonoro Despertar, donde la música se convierte en camino de inclusión y esperanza.
Hungría crece en equipos, que lideran con competencia tanto en pedagogía como en identidad. El Movimiento Calasanz sigue creciendo con jóvenes impresionantes, con deseo de profundizar en su vida espiritual y en su compromiso. También crece la presencia en Kolozsvár (Transilvania) con un crecimiento espectacular en tan solo tres años. Y siempre resulta enriquecedor el diálogo con los alumnos abiertos a las grandes preguntas de la vida.
México es una tierra fértil de equipos comprometidos, con un deseo real de crecer en misión y en solidez educativa. Allí se custodian verdaderos tesoros: las Escuelas Calasanz y los Hogares, donde la educación y la acción social transformadora caminan juntas.
Las Californias avanzan pensando juntos en su horizonte, discerniendo de forma muy participativa cómo crecer en la pastoral de jóvenes y familias, en torno a su prometedora escuela y a su identidad al servicio de los más vulnerables, a través de proyectos como la escuela de tareasHocati y otras tantas iniciativas.
En Francia, en Bobigny (París), va tomando forma una presencia escolapia, que busca abrir camino con una misión propia y dotarse de las estructuras necesarias para sostener su desarrollo.
Japón celebró los 75 años de presencia de las Escuelas Pías, una alegría que se hizo aún mayor al festejarla con la ordenación sacerdotal en Fukushima de Kim Jae Yong, Trương Quốc Cường y Vũ Đức Hưng.
En Guinea Ecuatorial la presencia escolapia sigue creciendo en el ministerio educativo con una nueva escuela. Y en Burkina Faso la presencia se sitúa casi en la periferia de la periferia. En estos lugares hay escolapios dispuestos a salir de su propio país para abrir nuevos caminos, formando comunidades interculturales al servicio de la vida y la misión escolapia.
La Comisión de la Familia Calasancia se ha reunido por primera vez, fruto de la fraternidad que une a las ocho congregaciones que comparten el carisma de Calasanz.
En medio de tanta vida, hemos despedido a Juanan Frías, rector de Peralta de la Sal. Para la Orden ha sido la despedida de un hermano querido; para mí, personalmente, la de quien fue maestro de novicios. Si tuviera que resumirlo en pocas palabras: hombre de Dios, y un mistagogo. Su memoria nos recuerda que la fecundidad verdadera nace de la honestidad espiritual.
Y casi en las vísperas de esta carta viviremos en Roma el encuentro con el Patronato y la Comisión Ejecutiva de Itaka-Escolapios, coincidiendo con la celebración de sus 25 años y con la reunión del Consejo General de la Fraternidad. Serán días de comunión, discernimiento y gratitud, que mostrarán con claridad cómo el carisma de Calasanz sigue generando vida compartida entre laicos, laicas y religiosos escolapios en todas las Demarcaciones.
El obispo Erik Varden, en el retiro de Cuaresma predicado al Papa León, recordaba en una de sus meditaciones que tener esperanza cristiana no significa necesariamente ser optimistas… mantenemos los ojos fijos en Jesús, el pionero de nuestra fe[4].
Es la misma mirada de José Calasanz, capaz de reconocer la acción de Dios allí donde otros solo verían dificultades, él supo reconocer la vida donde nadie la veía: en los niños pobres, en las calles de Roma. Su corazón no se endureció ante la pobreza; al contrario… y tuvo misericordia. De ese corazón conmovido nació una misión que sigue viva cuatro siglos después.

Pidamos hoy esa misma gracia.
Padre bueno, gracias por la vida que haces brotar en las Escuelas Pías.
Danos el corazón de Calasanz para despertar vida en los demás. Amén.

P. Carles Sch.P.
1 de marzo de 2026, en el día de la profesión solemne de Lê Tiến Dâng y Trần Quang Dũng, Veracruz (México).

(Continuará).

[1] Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 5, a. 4, ad 2. En este pasaje, Doctor Angélico asume el axioma pseudo-dionisiano bonum est diffusivum sui.
[2] En Jn 16, 22 encontramos una de las promesas más bellas del Evangelio, pronuncia durante la Última Cena, justo antes de su Pasión.
[3] Papa Francisco, Evangelii Gaudium, n. 1: La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.
[4] Erik Varden, meditación To Communicate Hope, Ejercicios Espirituales de Cuaresma predicados a la Curia Romana ante el Papa León XIV, Vaticano, 27 febrero 2026. Vatican News.