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La Santa Sede ha acogido con aprecio el volumen elaborado por los escolapios húngaros titulado Documentos de la Santa Sede sobre la educación cristiana y la escuela católica (1965–2025). Según la carta fechada en el Vaticano el 25 de febrero de 2026, el papa León XIV ha considerado la obra con “benévola atención” y la ha recibido con profunda gratitud.

La carta, firmada por el arzobispo Edgar Peña Parra, sustituto de la Secretaría de Estado, subraya que el espíritu eclesial y el tratamiento integral del volumen prestan un importante servicio a la causa de la educación católica. El Santo Padre reafirmó que la educación es un ámbito prioritario de la misión de la Iglesia, orientado al pleno desarrollo de la persona a la luz del Evangelio, y animó a la comunidad a continuar esta labor con renovado compromiso.

La publicación no es solo una recopilación histórica de documentos: ofrece una visión de los principios de la educación católica desde las décadas posteriores al Concilio Vaticano II hasta nuestros días, y aborda en detalle los desafíos actuales. Sus orientaciones resultan útiles no solo para los educadores, sino también para todos aquellos que se sienten responsables de la formación de las nuevas generaciones. El objetivo del volumen es servir como punto de partida para una profundización ulterior y contribuir a una “primavera creativa” de la educación católica en Hungría.

En su recomendación, el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, destaca que los documentos no solo tratan cuestiones generales de educación, sino que también buscan responder a los desafíos más actuales. Como escribe, la labor de los docentes y educadores es “tan importante como silenciosa”, y resulta indispensable no solo para la renovación de las comunidades eclesiales, sino también de toda la humanidad.

En su prólogo, János Székely, presidente de la Conferencia Episcopal Católica de Hungría, afirma que el volumen “no es solo una recopilación de documentos, sino también una brújula y un mapa”, que confirma que la escuela católica es una comunidad viva con Cristo en su centro. Destaca que las enseñanzas incluidas subrayan la protección de la creación, la solidaridad con los necesitados y la educación para la paz. El libro ofrece aliento a los docentes, cuya vocación forma parte de la misión de la Iglesia, y ayuda a las escuelas a convertirse en talleres de la “civilización del amor”.

La respuesta de la Santa Sede confirma que la orden escolapia no solo realiza un servicio educativo, sino que también sistematiza científicamente y mantiene viva la misión educativa de la Iglesia. El trabajo de los escolapios húngaros ha sido valorado por el Vaticano como un qualificato contributo, es decir, una contribución profesional cualificada.

En perspectiva histórica, todo ello indica también que la educación católica húngara -tras periodos históricos difíciles – vuelve a ser un actor activo y relevante en el diálogo educativo vaticano. Y la misión que comenzó hace más de cuatro siglos con las primeras escuelas populares gratuitas sigue siendo actual: la educación católica continúa siendo uno de los ámbitos clave para la renovación de la Iglesia y de la sociedad.