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(Desde la fe).- La voz que emerge desde la nave Orión, que en estos días rompe el silencio del espacio, no siempre habla de tecnología. A veces habla de aquello que va más allá del tiempo y del propio espacio: del amor y de Cristo. Antes de perder comunicación con la Tierra, el astronauta Víctor Glover pronunció un mensaje que, más allá de la misión Artemis II, tocó una de las verdades más profundas de la experiencia humana: el amor. Sus palabras evocan la grandeza del cosmos y del sentimiento más grande que nos define en la Tierra.

Y agregó: “Cristo dijo, al responder cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo lo que eres; y Él, siendo también un gran maestro, dijo que el segundo es semejante a este: amar a tu prójimo como a ti mismo».