hemos comenzado una segunda etapa del proceso formativo de educadores, en la que nos dedicamos a percibir la realidad en la que estamos trabajando. Estimulados por la palabra que el Señor le dirigió a nuestro padre Calasanz: “¡Mira, José, mira!”, nos animamos a tomar un tiempo para mirar la realidad de nuestra práctica, de nuestros objetivos, y sobre todo, las necesidades de los niños que nos fueron confiados, a fin de descubrir los problemas que no nos dejan cumplir con fruto nuestra misión, y de encontrar nuevos caminos para responder mejor a las carencias de nuestros alumnos. Fue una labor intensa, minuciosa y colaborativa, vivida en comunidad y en presencia de Dios.
Damos gracias al Padre por iluminar nuestra inteligencia y mover nuestros corazones y por todo el trabajo realizado.
Dejamos en sus manos la tarea de estos días, como una siembra, esperando que, con su ayuda, dé fruto a su debido tiempo, en la vida de los niños, de sus familias y de nuestra comunidad.
