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  1. Integración de clases sociales y «Escuela para todos»

En el mismo espacio físico, Calasanz favoreció convivencia en un mismo espacio de niños de orígenes y condiciones diversas.
En una sociedad de clases impermeables, en las Escuelas Pías se permitió que los hijos de trabajadores manuales, artesanos y pobres se sentaran en los mismos bancos que los hijos de la nobleza. Como «agudo psicólogo», creía que esta mezcla era educativa para todos: los ricos aprendían a valorar la buena voluntad y el sufrimiento de los pobres, mientras que estos últimos asimilaban las buenas maneras y la cortesía de los otros. En sus reglamentos, el Santo prohibió que nadie pretendiera preeminencia por su linaje o riqueza; el único honor permitido era el derivado de la integridad de costumbres y la diligencia en el estudio.

  1. Apertura y tolerancia religiosa (Pre-ecumenismo)

Calasanz demostró una mente amplia y un corazón abierto al admitir en sus escuelas a niños de diferentes confesiones religiosas, algo extraordinario en el contexto de la Contrarreforma.
En Roma, Calasanz abrió las puertas de sus escuelas a los hijos de las familias del gueto judío, comprometiéndose ante los rabinos a no forzarlos a cambiar de religión y limitándose a instruirlos en las virtudes naturales y el temor de Dios.
Durante la expansión de la Orden en Europa Central (Bohemia, Moravia y Polonia), las Escuelas Pías recibieron a niños de familias protestantes. Su método pedagógico, basado en el desinterés y la caridad, atrajo incluso a quienes eran alérgicos a la instrucción católica tradicional, permitiendo que la escuela sirviera como un puente para el retorno de muchos al seno de la Iglesia.
Las Escuelas Pías practicaron un «liberalismo netamente cristiano», confiando en que la verdad comunicada y la gracia divina iluminarían a los alumnos sin necesidad de presiones externas.

  1. Adaptación cultural y lingüística

La expansión de las Escuelas Pías por Italia, España, Alemania y las provincias de los pueblos eslavos exigió una constante adaptación a los contextos locales.
Aunque el latín era el vehículo de cultura y fe, Calasanz promovió el uso de la lengua vulgar o nacional en la enseñanza, animando incluso la publicación de gramáticas latinas escritas en italiano para facilitar el aprendizaje de los más humildes. Comprendió que la educación, debía ser impartida por «nativos del país». Por ello, fomentó la creación de noviciados locales en cada provincia para que los propios hijos de esas tierras fueran los educadores de su juventud.
La pedagogía calasancia no se encerró en un texto fijo (como la Ratio jesuítica), sino que buscó activamente el mejor método en cada caso, adaptándose a los sistemas gráficos de cada área (como la «letra española» o la «cancilleresca») y a las necesidades técnicas y comerciales de cada población.

  1. La ciencia moderna como lenguaje universal

La amistad de Calasanz con figuras como Galileo Galilei y Tommaso Campanella refleja su deseo de integrar las nuevas corrientes científicas en su sistema pedagógico.
El fundador de las Escuelas Pías fue pionero en introducir el estudio sistemático del ábaco y la aritmética en la educación popular, viendo en estas disciplinas un lenguaje universal que capacitaba a los pobres para empleos en cualquier ciudad comercial o militar de Europa. Al fomentar que sus religiosos se formaran directamente con Galileo, Calasanz buscó que el desarrollo científico moderno se mantuviera en manos católicas y sirviera para el progreso cultural de todos sus alumnos.
En resumen, la pedagogía calasancia es antropocéntrica y universal, centrada en la dignidad del niño como hijo de Dios, lo que le permite trascender fronteras geográficas y culturales para buscar la felicidad temporal y eterna de la persona en cualquier sociedad en la que deba insertarse. Su lema «Piedad y Letras» se convirtió en una herramienta de promoción humana que superó los exámenes de la historia en cuatro continentes.
Han pasado cuatro siglos y las sociedades modernas son cada vez más interculturales. Para ser fieles al carisma calasancio hay que mantener un sano equilibrio entre el respeto a la diversidad cultural y religiosa y la transmisión de la identidad cristiana con fuerza y claridad. También hay que hacer el esfuerzo para que dentro de las aulas de nuestras escuelas no haya diferencias entre los alumnos por clases sociales sino que todos crezcan con las mismas oportunidades.

Fuente en Coedupia: https://short.do/c_vioE