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El nacimiento de la Fraternidad es un inmenso regalo de Dios para sus miembros, para la Orden, para la Iglesia… y, sobre todo, para la misión escolapia.
Para sus miembros porque encuentran un espacio privilegiado donde pueden seguir mejor a Jesús con tantas hermanas y hermanos. Para la Orden que se enriquecida y estimulada por este nuevo sujeto escolapio. Para la Iglesia porque cuenta con una nueva vocación donde religiosos y laicos llevan adelante el carisma de Calasanz. Y, sobre todo, para la misión escolapia que cuenta con más manos, corazones, bocas, pies para llevar adelante la construcción de un mundo mejor.