Este filósofo y teólogo surcoreano nos ofrece esta reflexión: «La crisis de la religión y del espíritu se debe a causas estructurales, no puramente coyunturales, entre las que cita la pérdida del silencio, el declive de la atención y el ruido atronador de la comunicación. Pero, a pesar de la crisis, “no es Dios quien ha muerto, sino el ser humano al que Dios se revelaba”, afirma llevando la contrario a Nietzsche, que un siglo y medio antes había anunciado la muerte de Dios. ¿Dónde se rebela Dios ahora? En la respuesta a esta pregunta se manifiesta la originalidad de la filosofía de Weil y Chul Han.
Dios no se revela a través de los atributos de la vieja teodicea: omnipotencia, omnisciencia, omniprensecia, providencia e incluso violencia. Todo lo contrario: esos atributos constituyen el falseamiento de la revelación divina. ¿Dónde se revela, entonces? Responde Chul Han:
La revelación de Dios en el silencio me recuerda la siguiente escena del Primer libro de los Reyes de la Biblia judía. Elías caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb. Allí entró en una cueva, donde pasó la noche. “Sal y permanece de pie en el monte ante Yahvé”, le dijo a Yahvé. “Entonces Yahvé pasó y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas, pero en el huracán no estaba Yahvé. Después del huracán, un terremoto, pero en el terremoto no estaba Yahvé. Después del terremoto, fuego, pero en el fuego no estaba Yahvé. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, enfundó su rostro con el manto, salió y se mantuvo en pie a la entrada de la cueva”, Y en la brisa suave sí se encontraba Yahvé (Primer libro de los Reyes, 19, 8-13)».
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