Por primera vez en la historia, el número total de milmillonarios en el mundo ha superado las 3 000 personas, y su riqueza combinada ha alcanzado un valor sin precedentes. Mientras tanto, una de cada cuatro personas en todo el mundo pasa hambre.
Para un milmillonario resulta sencillo adquirir enormes yates o multitud de casas de lujo alrededor del mundo. Existen muchas razones para criticar este consumo excesivo en un mundo enormemente desigual, donde la mayoría de las personas tienen muy poco y en un planeta asfixiado por la incesante generación de residuos y emisiones de carbono. Aun así, algunas voces tachan esta crítica de «política de la envidia».
Sin embargo, resulta más difícil poner en duda el retroceso democrático o de los principios de equidad cuando los milmillonarios están utilizando su fortuna para influir sobre actores políticos, para presionar a un Gobierno, para comprar un medio de comunicación o una red social, o para procurarse los equipos jurídicos más caros frente a cualquier oposición que les garantice impunidad ante la justicia. Con un poder así, los milmillonarios tienen nuestro futuro en sus manos, debilitando las libertades políticas y los derechos de las demás personas.
Fuente y documentos completo y resumen en Oxfam: https://short.do/gkQ6Cg
