Seleccionar página

Compartimos una de las secciones de la nueva Hoja Informativa de los escolapis de Betania. Una sección donde, en cada número, entrevistaremos a religiosos escolapios que han entregado su vida a la educación de los niños y jóvenes.
El P. Manuel Antequera [Rafelbunyol (Valencia), 1929] nos recibe afable en su habitación de la residencia de la Malvarrosa. Lo encontramos hojeando el diario en su butaca y, después de saludarnos, nos enseña con orgullo la habitación de su nuevo destino, un espacio sencillo con baño amplio incorporado.
“He sido, y soy, muy feliz”, nos comenta de entrada, recordando sus últimos años en el Calasanz, donde llegó desde el juniorato Mater Dei (Valencia) y en el que estuvo 8 años. Y es que en la mochila de P. Manuel rebosa el servicio a la misión. Y se le quiebra la voz, emocionado, recordando la entrada y salida de los pequeños del Calasanz de Valencia, una cita que no se ha perdido ningún día -mientras la salud se lo permitiese- en los últimos tiempos. Un gesto tan sencillo como el de recibir a los pequeños todas las mañanas, compartir algunas palabras con los padres, acogerlos, nos recuerda a aquel Calasanz que, a la salida de la escuela, acompañaba a los pequeños a sus hogares allá en el Trastevere romano.
En su mesa de estudio, salpicada de libros y algunas libretas, adivinamos el evangelio del día, el libro La configuración con Jesús en las Constituciones Escolapias de Miguel Ángel Asiain, un especial de la revista La voz de Calasanz del colegio de Costa Rica, un rosario y agua. El P. Manuel explica su vocación con naturalidad, desde que comenzó de monaguillo en su pueblo natal, con un primo ya escolapio y en el seno de una familia en el que se respiraba un ambiente de iglesia. “He sido consciente de lo que Dios me ha dado, yo solo lo he intentado poner en favor de los demás”, nos dice. Porque en nuestra conversación, mientras comenta sus avatares americanos, hay siempre una constante que surge: la Providencia, que es la que explica el éxito de su misión americana. No obstante, el P. Manuel ha formado parte de dos comunidades fundacionales en el colegio de San José de Costa Rica y en León (Nicaragua), destinos de su labor escolapia durante 16 intensos años. Del éxito de su empeño destaca el cariño de aquellas tierras y los innumerables reconocimientos como el de los profesores de León o el del colegio de San José en sus bodas de oro.