Este es un sueño que nace de la gratitud. Hace veinticinco años nació Itaka-Escolapios como una intuición muy sencilla y muy profética: Vivir el carisma de Calasanz juntos, Orden y Fraternidad, laicas, laicos y religiosos; personas de muchos países, culturas y contextos.
No fue solo una estructura organizativa, fue una forma nueva de vivir la misión escolapia.
Hoy celebramos ese camino con gratitud, pero un aniversario no es solo memoria; sirve sobre todo para preguntarnos qué estamos llamados a ser, ¿cómo soñamos Itaka-Escolapios dentro de 25 años?
Comparto sueños para 7 minutos, creo que salen cuatro…
1. Sueño una red que genera vida escolapia.
La Declaración, redactada el 6 de marzo de 2026, que hemos trabajado estos días en San Pantaleo dice algo muy importante: No basta mantener (cuidar) lo que ya existe. Hay que generar nueva vida escolapia.
Por eso el primer sueño sería este: Que Itaka-Escolapios sea cada vez más un generador de vida.
Dentro de 25 años sueño con una red que haga nacer nuevas presencias escolapias; que abra proyectos en nuevas periferias; que cree comunidades cristianas vivas y que despierte vocaciones religiosas y laicales.
Itaka-Escolapios jamás ha sido solo una plataforma: Es una matriz de vida escolapia, un lugar donde la misión genera comunidad, y donde la comunidad genera misión.
Sueño también una red que escucha profundamente al Espíritu y a la realidad, que discierne juntos hacia dónde nos llama Dios. Una red donde sabemos escucharnos: religiosos y laicos, comunidades y obras, jóvenes y adultos.
Porque cuando escuchamos juntos, el Espíritu abre caminos nuevos. Entonces la misión deja de ser solo actividad y se convierte en vida cristiana que nace, crece y se multiplica.
2. Sueño una red que transforma y está presente en las periferias.
Si algo caracteriza el Evangelio es el lugar donde Jesús se sitúa, siempre cerca de quienes más lo necesitan. Por eso sueño una Itaka-Escolapios cada vez más claramente en las periferias: En las periferias sociales, en las fronteras educativas, en los lugares donde la infancia y la juventud viven más vulnerabilidad, allí donde la educación puede cambiar el destino de una vida. Calasanz lo entendió con una claridad impresionante.
Dentro de 25 años me gustaría que alguien pudiera decir: Si quieres encontrar a Itaka-Escolapios, busca donde los niños y las niñas más necesitan esperanza. Allí estará.
3. Sueño una red global capaz de transformarse para servir mejor
Hoy Itaka-Escolapios ya es una red internacional; pero dentro de 25 años sueño algo todavía más fuerte. Una red profundamente interconectada entre continentes, culturas y generaciones.
Una red donde los proyectos, los recursos y los sueños circulan; donde África, América, Asia y Europa se enriquecen mutuamente; donde nadie camina solo. Porque cuando la misión se vive en red, el carisma se hace más fuerte, más creativo y más universal.
También sueño una red que tenga la libertad interior para transformarse, una red capaz de leer los signos de los tiempos y los lugares, capaz de preguntarse continuamente: ¿Qué nos está pidiendo el Espíritu? ¿Qué nos está pidiendo hoy la realidad? ¿Qué necesitan hoy los niños, las niñas y los jóvenes?
Una red con agilidad, corresponsabilidad y visión, no ensimismada en sus estructuras, sino abierta a repensarse para servir mejor. Porque el centro no es la red: Como en Jesús, en Calasanz, el centro es la misión.
Y la misión tampoco es nuestra. Es el carisma escolapio, que la Iglesia recibió a través de San José Calasanz y que nos supera a todos. Nosotros somos simplemente servidores, portadores de ese don.
Cuando la educación se vive así, en comunión y en red, su capacidad de transformar el mundo se amplifica.
4. El sueño más profundo
Pero quizá el sueño más profundo no es estratégico, es espiritual.
Dentro de 25 años sueño con una Itaka-Escolapios que siga teniendo el corazón del Evangelio, la pasión por los niños y las niñas, la audacia misionera y la alegría de la fraternidad.
Si dentro de 25 años seguimos teniendo eso, todo lo demás vendrá.
Calasanz descubrió que dar una oportunidad, por pequeña que sea, a los niños, niñas, jóvenes, sus familias… transforma el mundo.
Hace 25 años nació Itaka-Escolapios para vivir esa misión juntos. Dentro de 25 años espero que podamos decir que esa pequeña intuición se convirtió en una GRAN RED DE ESPERANZA para muchos niños, niñas y jóvenes del mundo, y que seguimos caminando, humildemente, en el mismo sueño de Calasanz.
Carles Gil i Saguer, SchP. Padre General, 14 de marzo de 2026
