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El Papa convoca una oración mundial por la paz el 11 de abril: «¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!»

«Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos idiferentes», advierte León XIV durante una bendición Urbi et Orbi con recuerdos a Francisco y sin referencias expresas a las situaciones en diversos países. El Papa felicitó la Pascua en diez idiomas.

Fue una bendición Urbi et Orbi radicalmente diferente a las que nos tenían acostumbrados tanto Francisco como Benedicto XVI o Juan Pablo II. Una declaración breve, añadida a la felicitación pascual (en diez idiomas), en la que Prevost no concretó ninguna de las situaciones de violencia, guerra o injusticias padecidas en el mundo. No se habló de Gaza, ni de Irán, ni de Sudán del Sur o Nigeria. Tampoco hubo palabras para Ucrania o Myanmar. Sí, en cambio, una convocatoria: «¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón! Por eso, invito a todos a unirnos en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí, en la plaza de San Pedro el próximo sábado 11 de abril«.  

Junto a él, el Papa denunció la «globalización de la indiferencia cada vez más marcada». «Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos», subrayó el pontífice.

«A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo«, propuso León XIV ante una multitud que se agolpaba a lo largo de toda la plaza y parte de la Via della Conziliacione, que el papamóvil recorrió tras la bendición Urbi et Orbi, donde también se escucharon los himnos de Italia y la Santa Sede.

Y lo hizo amándonos. «Recorrió hasta el final el camino del diálogo, no sólo con las palabras, sino con los hechos: para encontrarnos a nosotros, los perdidos, se hizo carne; para liberarnos a nosotros, los esclavos, se hizo esclavo; para darnos vida a nosotros, los mortales, se dejó morir a manos de sus verdugos en la cruz», subrayó, explicando que «la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta«, sino «semejante a la de un grano de trigo que, al marchitarse en la tierra, crece, se abre paso entre los terrones, brota y se convierte en una espiga dorada. Es aún más parecida a la de un corazón humano que, lastimado por una ofensa, rechaza el instinto de venganza y, lleno de bondad, reza por quien le ha ofendido».

«Frente al sepulcro vacío podemos llenarnos de esperanza y asombro, como los discípulos, o de miedo, como los guardias y los fariseos, obligados a recurrir a la mentira y al engaño para no reconocer que aquel que había sido condenado verdaderamente ha resucitado». Esta es la tesitura. Por eso, y por la paz, rezaremos el 11 de abril.