Seleccionar página

La Iglesia, a través de la voz del papa León XIV y del Dicasterio para la Cultura y la Educación, invita hoy a todas las comunidades educativas a entrar en una nueva etapa del Pacto Educativo Global. Esta visión se despliega bajo la imagen de una constelación: un cielo estrellado que no es decorativo, sino orientador. Los diez objetivos propuestos constituyen una verdadera brújula para la educación católica contemporánea, un decálogo vivo que articula el horizonte universal y la responsabilidad local.

En el centro de este enfoque se encuentra una convicción fundamental: la educación católica forma a la persona en su totalidad. Abarca las dimensiones espiritual, intelectual, afectiva, social y corporal, y rechaza las oposiciones reduccionistas entre teoría y práctica, ciencia y humanismo, técnica y conciencia. Situar a la persona en el centro significa acompañar a cada uno en el descubrimiento del sentido de la vida, de su dignidad inalienable y de su responsabilidad hacia los demás.

La educación no es solo transmisión de conocimientos: es aprendizaje de virtudes, formación de ciudadanos capaces de servir y de creyentes capaces de dar testimonio.

La escuela católica se describe como un ecosistema vivo en el que se entrelazan la fe, la cultura y la vida. No sustituye a la familia, primer lugar de educación, sino que colabora con ella en una alianza exigente y corresponsable. La educación católica se presenta como una coreografía: un movimiento colectivo que sitúa al ser humano en el centro, genera reciprocidad, abre a la responsabilidad social y promueve una antropología basada en el respeto, el discernimiento y el acompañamiento personalizado.

En un mundo marcado por fracturas sociales, crisis medioambientales y nuevas vulnerabilidades, la educación católica está llamada a unir la justicia social y la justicia medioambiental, a promover modos de vida sobrios y sostenibles, y a formar artesanos de la paz. La paz no es ausencia de conflicto: es una fuerza suave, desarmada y desarmante, que se construye mediante el diálogo, la justicia y la reconciliación.

El papa León XIV relanza el Pacto Educativo Global añadiendo tres acentos decisivos: el cuidado de la vida interior, indispensable para toda profundidad educativa; la construcción de un mundo digital más humano, donde la tecnología siga al servicio de la dignidad; y el compromiso co a paz activa y cotidiana. Hace un llamamiento a los educadores para que no se contenten con preservar, sino que relancen, imaginen y tracen nuevos mapas de esperanza.

En esta dinámica, la OIEC, junto con la USG, la UISG y el equipo del pacto educativo, se compromete plenamente. El folleto adjunto no es un modelo único ni un marco normativo: pretende ser una fuente de inspiración, un trampolín para la creatividad pedagógica y pastoral.

Se invita a cada escuela, cada cultura y cada contexto a adaptar y enriquecer estas propuestas según su propio genio. La OIEC también fomenta la colaboración entre instituciones, continentes y actores educativos, católicos o no, con el fin de reforzar una verdadera constelación mundial al servicio de la fraternidad.

Educar es un acto de esperanza. Es creer en la capacidad de cada persona para crecer, conectarse y transformar el mundo. Es construir alianzas, tejer la paz y contribuir, con responsabilidad y pasión, a dibujar el cielo de la educación del mañana.

Tenemos los diez compromisos en https://drive.google.com/file/d/1iEl8tNV5C0RN9WvhreLNLvWyHEez4EvK/view?usp=sharing