Calasanz, ante la necesidad de tantos niños sin futuro, ante una sociedad que permitía eso y una Iglesia que debía cambiar, descubrió que había un camino que Dios le indicaba: transformar la sociedad, renovar la Iglesia por medio de la educación cristiana transformadora.
Desde aquella inicial escuela en la sacristía de Santa Dorotea hasta la actualidad, los escolapios hemos seguido esa estela, ese carisma, transformando vidas con ése ministerio de la educación insustituible: transformar la vida actual y de futuro de los estudiantes, de sus familias, de los propios educadores comenzando por los religiosos escolapios, del entorno donde se sitúa la escuela y otras obras educativas…
Por eso los escolapios llevamos adelante centros educativos, parroquias y templos de culto, centros sociales, Movimiento Calasanz, hogares e internados, proyectos de solidaridad, promoción y acompañamiento de voluntariado, formación de educadores.., y lo hacemos con la colaboración de todos, religiosos y laicos, con la Fraternidad escolapia e Itaka – Escoapios, con las familias y profesores, profesionales y voluntarios, con los propios alumnos y participantes en la misión escolapia… porque necesitamos de todos, porque nos complementamos todos, porque sabemos al centrarnos en los niños y jóvenes nos transformamos también todos.
Y es verdad, cuando los escolapios trabajamos bien, transformamos vidas.
