Seleccionar página

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la creación, Tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día, como signo de tu amor y providencia. Hoy reconocemos con dolor que millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre, mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.
Despierta en nosotros una nueva conciencia: que aprendamos a agradecer cada alimento, a consumir con sencillez, a compartir con alegría, y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo, destinado a todos, no solo a unos pocos.
Padre bueno, haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoísta en una cultura de solidaridad. Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos: campañas de sensibilización, bancos de alimentos, y un estilo de vida sobrio y responsable.
Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús, pan partido para la vida del mundo, danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad. Que nadie quede excluido de la mesa común, y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el pan no como un objeto de consumo, sino como un signo de comunión y cuidado.
Amén.