Hoy es común decir y pensar que el primero soy yo, que la prioridad es cada uno. Y lo repetimos como si fuese algo que nos ayuda a nosotros y a la sociedad. Pero, si lo pensamos un momento, nos damos cuenta que es una trampa que lleva al individualismo y a dejar el bien común (o el de quien más lo necesita) en segundo lugar.
Si esa frase fuese dicha por unos padres por sus hijos, sería una barbaridad. O de un político por su pueblo. O de un educador por sus educandos. O de un médico por sus pacientes…
El amor, el cuidado mutuo, es el único camino que lleva a que todos estemos cuidados y que nuestra sociedad sea mejor. El que cada cual se coloque como prioridad nos coloca «en la selva» del sálvese quien tenga más posibilidades, de la desigualdad justificada y de la situación cercana a la violencia. El colocar al otro como prioridad nos hace humanos, nos hace hermanos.
