El Informe Global sobre las Crisis Alimentarias 2026 confirma una tendencia alarmante: el número de personas que padecen hambre aguda se ha duplicado en la última década. Al mismo tiempo, la financiación internacional ha retrocedido. Ante estos datos, Manos Unidas advierte de la estrecha relación entre hambre y conflicto y recuerda que la organización trabaja para romper el círculo entre hambre, pobreza y conflicto.
Por décimo año consecutivo, la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias (formada por entidades como el Banco Mundial, la FAO, ACNUR o FIDA) publica su Informe Global sobre las Crisis Alimentarias 2026, confirmando una tendencia alarmante: el hambre se ha duplicado en esta última década.
266 millones de personas en 47 países y territorios sufrieron niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 2025, lo que representa casi el 23% de la población analizada, el doble de la registrada en 2016.
En este sentido, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha sido categórico. En el prólogo del informe, destaca que «los conflictos siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, y en el mismo año (2025) estallaron hambrunas totales en dos zonas afectadas por conflictos (Gaza y Sudán del Sur), una situación sin precedentes».
Para Manos Unidas, “la brecha entre las promesas de ‘Hambre Cero’ y la realidad de 266 millones de personas sufriendo inseguridad alimentaria es el testimonio de un fracaso colectivo. No podemos permitir que el hambre se normalice como un efecto colateral y muchas veces origen también de los conflictos. Recuperar el camino hacia la erradicación del hambre exige una respuesta internacional real, audaz y coordinada”.
Según el Índice Global de Paz 2025, el mundo atraviesa un pico histórico de violencia, con 59 conflictos armados activos registrados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Se estima que 78 países están involucrados en enfrentamientos, ya sea directa o indirectamente.