La patria es el otro.
El que trabaja doce horas y aún así no llega.
La jubilada que elige entre remedios o comida.
La docente que sostiene más de lo que enseña.
La mano que reparte cuando el Estado falta.
Nos hicieron creer que la patria era una bandera colgada dos veces al año,
mientras el individualismo hacía negocio con nuestra tristeza.
Pero la patria también es memoria.
Es no olvidar quiénes quedaron afuera.
Quiénes lucharon para que hoy tengamos derechos.
Quiénes siguen poniendo el cuerpo incluso cansadxs.
La patria no se construye desde el “sálvese quien pueda”.
Se construye entendiendo que el dolor ajeno también nos pertenece.
Porque cuando el otro pierde dignidad,
un poco la perdemos todos.
Meli Grippo
