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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Señor de la vida, te damos gracias por el don del deporte, por quienes glorifican a Dios con el ejercicio de sus cuerpos, por las amistades que nacen en la cancha y la alegría de jugar en equipo.
Tú nos enseñas que en la vida, como en el juego, nadie se salva solo. Necesitamos del otro para crecer, para aprender a respetar, superar límites, y celebrar juntos los logros alcanzados.
Te pedimos que el deporte sea siempre escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía, espacio de encuentro y no de exclusión, camino de paz y no de violencia.
Haz que quienes practican, entrenan o animan descubran en el deporte un lenguaje universal que acerca culturas, une pueblos, y siembra respeto, solidaridad y superación personal. Señor Jesús, que cada deporte sea parábola de una vida vivida contigo, colaborando con esfuerzo y alegría, viviendo con humildad en la derrota y gratitud en la victoria que nos ofreces en tu resurrección.
Que nunca falte en nosotros tu Espíritu, que nos hace un solo equipo, unido contigo para construir comunión y fraternidad en la historia. Amén.