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La cuestión no es si el mundo puede permitirse invertir en educación, sino si decide hacerlo.
En 2024, la ayuda total destinada a la educación equivalió al gasto militar mundial de solo un día y medio en 2025.
En un momento en que la ayuda a la educación está disminuyendo, se pide a los países que hagan más con menos recursos. Sin embargo, la educación sigue siendo una de las inversiones más eficaces para impulsar el crecimiento económico, fortalecer la cohesión social y promover el desarrollo sostenible.
Construir sistemas educativos resilientes requiere proteger la inversión en educación y garantizar que las presiones financieras a corto plazo no frenen el progreso a largo plazo hacia el cumplimiento del #ODS4.