81 años después de la bomba atómica en Hirosima tenemos que seguir trabajando por una paz auténtica, no basada en la amenaza de un mal mayor, ni en la injusticia de la desigualdad entre las naciones y pueblos.
Hemos de trabajar por una paz para toda la humanidad, para todas las personas, basada en el respeto de la dignidad humana y de los Derechos Humanos de todos y cada uno.
