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Si existe un nombre dentro del cine cómico español que todos recordamos con cariño ese es el de Paco Martínez Soria. Su cine popular en el tardofranquismo conseguía hacer reír a la gente con chistes que, seguramente, a día de hoy sería impensable ver en la gran pantalla. Sin embargo, lo que los hacía especialmente graciosos para la gente era el carisma del actor, cuya imagen de bonachón ha pasado a la historia del cine patrio.
Pero el actor también tuvo éxito a nivel personal, casándose con Consuelo Ramos Sánchez, junto a la que tuvo cuatro hijos: Natividad, Francisco, Consuelo y Eugenia Martínez-Soria Ramos. Especialmente curiosa fue su relación con Francisco Martínez-Soria Ramos, el único hijo varón del cómico, al que dio un enorme disgusto cuando le dijo que quería ser cura.

“A los 21 empecé mi carrera sacerdotal y en el 62 me ordenaron sacerdote”, añadía, explicando sólo consiguió estudiar 2 años de Farmacia. “Mi padre me dijo: «Hombre, yo pensaba que serías un buen farmacéutico y ahora resulta que quieres ser cura…». Le costó digerirlo, pero al final fue quien mejor entendió mi religiosidad. Cuando en los 60 algunos escolapios lo dejaban, me llegó a decir: ‘Hijo mío, no me darás el disgusto de dejar lo que tanto me costó aceptar’”, relataba el cura, que recordaba con cariño a su padre.
A pesar de haber tenido una educación cristiana, el protagonista de ‘La ciudad no es para mí’ se quedó muy sorprendido con el camino que había elegido su hijo, algo que finalmente aceptó. Su madre, al contrario, sí que tuvo un enorme disgusto con la noticia porque era republicana y nunca había ido a misa, informan en ‘LOC’. En 1955, Francisco entró en el noviciado de Moià y siete años después fue ordenado sacerdote en Salamanca. Su padre no acudió, pero sí lo hicieron su madre y el mejor amigo de la familia, el filólogo y ex director de la Real Academia Española, Lázaro Carreter.
“Mi padre me dijo: «Hombre, yo pensaba que serías un buen farmacéutico y ahora resulta que quieres ser cura…». Le costó digerirlo», explicó este.
El hijo del actor Paco Martínez Soria falleció en enero de 2023 en el hospital Joan XXIII de Tarragona y en esa misma charla con el citado medio comentó que su padre no llegó a verle de monje: “Murió en el 82 y mi madre en el 88. Yo entré en el 90: no sé si con mis padres vivos hubiera podido, porque es un salto muy grande eso de no poder irles a ver”, confesaba.
Aunque le costó hacerse a la idea, finalmente Paco aceptó la decisión de su hijo, llegando incluso a pedirle consejo cuando tuvo que interpretar a un cura en ‘Se armó el belén’, comedia de los setenta en la que este daba vida a un cura despistado en una parroquia que intentaba hacerse «moderna» en Navidades.
«Mi padre era muy meticuloso. Durante los ensayos solía decir: ‘No, no, no lo hace bien. Pronuncie, hable más claro, haga las pausas, las palabras tienen alma, ha de hablar para que le oiga el de la última fila», contó este, que aprendió de Paco a pronunciar bien sus discursos. «Así aprendí a predicar gracias a él y yo le enseñé a bendecir cuando hizo de cura en ‘Se armó el belén’«, contó el primogénito del actor en una entrevista con ‘El Mundo’.
Su hijo también recuerda que en casa «jamás le escuché contar un chiste. Era de pocas palabras, serio, aragonés, familiar, muy exigente y mientras comía, leía el periódico», señalando que solamente era gracioso «cuando se le acercaba alguien mientras cenaba o comía en un restaurante, entonces cambiaba de cara, le hacía una gracia y nosotros pensábamos: ‘Mira, es así para los de fuera’«, mostrando una imagen totalmente distinta con sus seres queridos de la que veíamos en el cine.
Y es que, aunque su imagen era la de un cómico, Paco fue un hombre de teatro y para él el cine fue simplemente un pasatiempo. «Se hizo famoso por sus papeles en el cine, aunque el dinero que ganaba lo invertía en su compañía de teatro«, explican en ‘El Mundo’, siendo Fanático de Molière, admirador de Charles Chaplin y Buster Keaton, haciendo de la comedia su vida, algo que no compartía de puertas para adentro.