Que la educación sea definida como un «ministerio insustituible» es una de las intuiciones centrales de San José de Calasanz y de la tradición escolapia. Esta expresión, formulada con fuerza en su célebre Memorial al Cardenal Tonti(1621) y plasmada en las Constituciones de la Orden, implica que la formación integral de la infancia no es una mera profesión o un servicio secundario, sino una misión eclesial y social de primera importancia que no puede ser suplida por ninguna otra institución ni remedio posterior.
Las dimensiones clave que explican el significado de este principio en el pensamiento calasancio son:
- Cimiento de la vida humana: Carácter preventivo.
Para Calasanz, la infancia es la etapa donde se edifica la personalidad entera del ser humano. Aquello que se imbuye en los primeros años (a teneris annis) deja una huella indeleble: «así como del jarro nunca se pierde el olor del primer licor con que se estrenó, del buen comienzo depende el buen fin de toda la vida».
La educación es un remedio preventivo y curativo del mal. Intentar corregir los vicios, la ignorancia o las desviaciones en la edad adulta es sumamente difícil y costoso; en cambio, educar a tiempo previene el deterioro moral y social. Por esta razón, el ministerio de la escuela no se puede sustituir por intervenciones posteriores, pues nada suple lo que no se sembró en la niñez.
- Motor de la reforma de la sociedad y de la Iglesia (Reipublicae reformatio)
Calasanz fundamentó su obra en la convicción —respaldada por Concilios Ecuménicos, Santos Padres y filósofos— de que la verdadera reforma de la sociedad cristiana depende de la diligente educación de los niños.
Frente a políticas o mentalidades de la época que consideraban perjudicial o innecesario educar a las clases populares, Calasanz demostró que la ignorancia es la verdadera raíz del desorden, los vicios y la delincuencia. Formar a los niños en la virtud, la piedad y los conocimientos útiles asegura ciudadanos pacíficos, súbditos fieles y personas capacitadas para gobernar honestamente sus vidas y negocios.
- Compendio y preparación de todos los demás ministerios
En su alegato ante el Cardenal Tonti, Calasanz argumentó que la escuela es el «compendio de todos los demás ministerios» de la Iglesia y de la sociedad. Mientras que otros ministerios o instituciones intervienen en momentos específicos o atienden necesidades particulares (como el cuidado de los enfermos o la asistencia en el momento de la muerte), la educación prepara y dispone el alma del niño para que sea capaz de responder fructíferamente a cualquier vocación, oficio o servicio futuro. Ayudar a «bien vivir» desde la infancia es la condición previa para que todo lo demás funcione.
- Integración inseparable de «Piedad y Letras» (Educación Integral)
El ministerio educativo no se limita a transmitir saberes profanos ni a impartir una catequesis aislada. Su valor insustituible reside en la síntesis armónica de Piedad y Letras:
Las Letras: Proporcionan herramientas culturales y prácticas (lectura, escritura, aritmética o ábaco, y latín) que capacitan al alumno para insertarse con dignidad en el trabajo o continuar estudios superiores.
La Piedad: Ilumina el entendimiento con el conocimiento de Dios, cultiva las virtudes morales y la vivencia sacramental, previniendo al joven de las corrupciones del mundo.
Ambas dimensiones se prestan un servicio recíproco: la cultura abre la mente a la verdad y la piedad orienta el saber hacia el bien común y la salvación eterna.
- Dignificación y liberación de la persona (especialmente de los pobres)
El ministerio escolar calasancio nació con una opción preferencial por la infancia desamparada y pobre. Educar al niño pobre significa rescatarlo de la marginación, liberarlo de la explotación y elevar su autoconcepto, reconociendo su dignidad inherente como hijo de Dios redimido por la sangre de Cristo. La instrucción actúa como un vehículo de justicia y promoción humana, permitiendo a los más humildes defender sus derechos y servir a la comunidad con autonomía.
- La consagración del educador: Cooperator Veritatis
Dado que la educación es un ministerio de trascendencia tan alta, Calasanz elevó la figura del maestro a la categoría de «cooperador de la Verdad» (Cooperator Veritatis) y con la misión de ser Ángeles Custodios. Para garantizar que esta misión no fuera abandonada ni tratada como un trabajo meramente asalariado (mercenarius), instituyó la primera Orden religiosa consagrada exclusivamente a la enseñanza, en la que los maestros se comprometen de manera estable mediante el cuarto voto solemne de educación.
En resumen, afirmar que la educación es un ministerio insustituible significa reconocer que la formación primera del ser humano es el pilar preventivo y transversal del que depende el bien personal, la paz social, el progreso cultural y la vida de la Iglesia.
Fuente en Coedupia: https://short.do/CxN6ru
