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En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Dios de la vida, Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón, las luces y sombras que nos habitan, las heridas silenciosas que a veces nadie ve.
Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanas que enfrentan dificultades en su salud mental,
que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.
Tú los llamas por su nombre, con ternura, y en Ti encuentran dignidad y esperanza.
Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,
alimentando el estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales.
Haz que tu Iglesia sea casa abierta, espacio seguro donde todos tengan lugar,
comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.
Te pedimos, Señor, por quienes cuidan: profesionales, familiares, voluntarios,
hombres y mujeres que con paciencia y amor tienden puentes de comprensión y consuelo.
Dales fortaleza y compasión para sostener.
Envía tu Espíritu sobre nosotros, para que aprendamos a acoger e integrar
el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,
y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia, que nunca abandona y siempre restaura. Amén.