Junto a eso, animó a «cuidar la promoción del ser humano» como clave para el desarrollo internacional. Finalmente, María González subrayó el papel del hambre en los grandes desafíos globales. «El hambre, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad son grandes espacios globales que están interconectados», subrayó, instando, como Rafael, a cambiar las reglas del juego y «alterar los desequilibrios de poder» existentes.
Finalmente, María González apuntó la necesidad de «concebir que el problema del hambre o las diversas formas de malnutrición es un problema político, y que necesita soluciones políticas, con coherencia y visión de futuro», y también con una «coherencia vertical», desde los espacios globales a los locales. Lo que cambia el cómo y el quién toma esas decisiones. Una participación de todos, a todos los niveles, resulta fundamental si de verdad se quiere trabajar en el sueño de acabar con el hambre.