Es bonito comprobar cómo el Movimiento Calasanz es ya una realidad en los cuatro continentes, en casi todas las presencias donde los escolapios estamos presentes.
Es una maravilla porque es una iniciativa que multiplica y complementa la educación y evangelización que hacemos los escolapios en las escuelas, parroquias, centros. Si, además vamos de la mano con las familias, la educación es mucho más rica.
El desafío con el Movimiento Calasanz es conseguir que sea un proceso que acompañe las etapas infantil y adolescente… y también la juvenil hasta conseguir una desembocadura adecuada que responda a la vocación de cada cual y permita vivir en la etapa adulta lo sembrado en las edades previas.
