Muchas veces imaginé este momento, pero lo vivido el 18 de septiembre de 2026, día de mi Profesión Solemne, superó todos mis sueños y expectativas. Definitivamente, Dios da mucho más de lo que somos capaces de pedir.
La presencia de los niños y jóvenes, de mis hermanos escolapios y de mi familia hizo de este día un regalo inolvidable.
Hoy solo puedo decir: ¡gracias, Señor, por tanto! Que mi vida siga siendo una entrega alegre al servicio de los niños y jóvenes, tras las huellas de san José de Calasanz.
