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Nueva gobernanza y una voz pastoral para los colegios
Uno de los momentos centrales de la Asamblea fue la renovación de sus órganos directivos. A propuesta de la Confederación Interamericana de Educación Católica (CIEC), la presidencia de la OIEC fue confiada a monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar salesiano de Santiago de Chile y presidente del Área de Educación de la Conferencia Episcopal chilena. La secretaría general fue ratificada en la persona de Hervé Lecomte para un nuevo mandato de cuatro años, mientras que el Consejo de la Organización se renovó con 34 miembros de seis regiones y una comisión de las congregaciones religiosas asociadas donde incluyeron al P. Javier Alonso, representante de las Escuelas Pías.

Los cuatro pilares formativos: Interioridad, unidad, amor y alegría
Inspirada en las orientaciones del Papa León XIV, la segunda jornada de la Asamblea profundizó en las cuatro dimensiones esenciales del Pacto Educativo Global, planteadas como pilares formativos para custodiar la humanidad en nuestras instituciones:

  • Vida interior: La reflexión, guiada por el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, subrayó la urgencia de cultivar la profundidad espiritual y personal de los estudiantes frente a las distracciones del entorno.
  • Unidad: Abordada por Juan Antonio Ojeda Ortiz, Bérangère Savelieff (Pax Christi Francia) y el joven Raphaël Ghanem, enfatizó la construcción de puentes de fraternidad y el derribo de barreras en las aulas.
  • Amor: Desarrollada por el cardenal Antoine Kambanda, arzobispo de Kigali, junto a la filósofa Gabrielle Halpern, propuso una educación sostenida en la caridad activa, el cuidado mutuo y la dignidad incondicional de cada persona.
  • Alegría: Presentada por el cardenal Jean-Marc Aveline, arzobispo de Marsella, con el testimonio de las Embajadoras de Paz Shaira Ann Ocampo y Alice Bazil, y de Jean-Paul Niyigena, resaltó el gozo como rasgo distintivo de la escuela.

Desafíos en las fronteras y ante la inteligencia artificial
La Asamblea puso de relieve los complejos escenarios en los que operan los educadores. Monseñor Lorenzelli remarcó que la escuela católica está llamada a mantener una presencia activa en las fronteras sociales, territorios rurales y zonas de conflicto o guerra, donde muchas veces no llega el Estado, ofreciendo una propuesta que promueva la dignidad humana y proteja a niños y jóvenes vulnerables.
Asimismo, ante la expansión acelerada de la inteligencia artificial y la proliferación de noticias falsas, la OIEC instó a los docentes a promover el pensamiento crítico y brindar herramientas para la búsqueda de la verdad. Esta tarea formativa, recordaron las delegaciones, no compete únicamente a las instituciones educativas, sino que requiere una estrecha alianza con las familias, a quienes se reconoce como las primeras educadoras.

Escuchar a los jóvenes y caminar a su lado
El mandato de la OIEC exige situar a la persona en el centro del aprendizaje. Frente al reclamo de las nuevas generaciones, que a menudo sienten que la sociedad está construida solo para los adultos y se ven cargadas de incertidumbre, se convocó al profesorado a evitar respuestas prefabricadas. La tarea docente consiste en acoger con respeto las inquietudes y preguntas juveniles, construyendo junto a ellos las soluciones que verdaderamente necesitan y reconociéndolos como protagonistas de la paz, tal como testimoniaron los delegados del Consejo Mundial de la Juventud de la OIEC.

Conclusión: Un horizonte de esperanza compartida
Para los educadores, la Asamblea de Roma renueva la certeza de que educar para la paz es un compromiso cotidiano sustentado en el diálogo, la inclusión y la fraternidad. Hacia el período 2027-2030, las escuelas católicas están convocadas a ser auténticas redes de esperanza viva, donde la excelencia pedagógica camine de la mano con la defensa de la dignidad humana.
Para la mayoría de los maestros de las Escuelas Pías pudiera parecer irrelevante que participemos activamente en estas redes internacionales, pero nos hace bien estar conectados. Somos una pequeña parte de un movimiento más grande que está llamado a trabajar con un proyecto global compartido.