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Bellella invitaba a “discernir qué semillas están germinando bajo la arena”. Nosotros creemos que muchas de esas semillas han sido plantadas por los laicos, en forma de numerosas iniciativas que hoy están sobre la mesa, cada una con su propio carisma y sensibilidad. En nuestro caso, proponemos que los matrimonios que sientan esta llamada puedan vivir dentro del monasterio, llevando una vida de oración, trabajo y comunidad.

El presidente de la CONFER, Jesús Díaz Sariego, reconoce que hay un “nuevo movimiento de búsqueda espiritual” en una sociedad que toca fondo. La demanda existe. El problema, según nosotros los vemos, es que muchas iniciativas laicales se pierden en la lentitud de los procesos, en la falta de acompañamiento o en el miedo a lo nuevo. A veces da la impresión de que la creatividad del Pueblo de Dios con sus propuestas avanza más rápido que la capacidad institucional de acogerlas.

Necesitamos dirigentes que se atrevan a escuchar, a acompañar y a abrir puertas. No pedimos privilegios, solo discernimiento y confianza. Como laicos, ponemos sobre la mesa todo lo que somos y todo lo que tenemos. Hasta ahí llegamos. No podemos hacer más.

La Iglesia ya no puede atravesar este desierto apoyándose solo en los antiguos cimientos. El laicado, con toda su diversidad de propuestas, está dispuesto a entrar en ese desierto para convertirlo en jardín. Y para que eso sea posible, necesitamos caminar juntos, cada uno desde su responsabilidad, dejando que el Espíritu haga su parte. Hay mucha fe, mucha entrega y un deseo sincero de servir. Solo pedimos un poco de espacio para que todo esto pueda crecer dentro de casa.