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El 27 de junio, con el Colegio Cardenalicio reunido en la basílica de San Pedro para el segundo consistorio extraordinario, el papa León XIV dio uno de los mensajes más cargados de significado de su pontificado: «Disfrutemos hoy y siempre de la concordia en la obediencia».
El consistorio arranca, así, en la antesala de dos tensiones abiertas: el inminente cisma lefebvriano —la Fraternidad San Pío X prevé ordenar cuatro obispos sin mandato pontificio el 1 de julio— y la negativa del Vaticano al episcopado alemán para que los laicos prediquen homilías. En ese contexto, León XIV fue directo: urge «ir purificando las intenciones y corrigiendo lo que se desvía del camino común».
Sobre el papel de la Iglesia en el mundo en conflicto, fue igualmente rotundo: «La guerra nunca es digna del hombre y nunca será bendecida por Dios.» Y sobre la tentación de alinearse políticamente: «La Iglesia nunca toma partido: es para todos».