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Una preciosa manera de asumir los desafíos del día a día es vivir como respuesta a la vocación a la que Dios nos llama, aceptar lo que mejor podemos hacer por el bien de los demás, descubrir que la vida tiene pleno sentido porque el mundo y el mismo Dios necesita de mí.
Es bonito cómo la Iglesia de Brasil dedica el mes de agosto a las diverss vocaciones: la sacerdotal, la religiosa, la familiar y laical, la de los catequistas…
Sembrar, convocar, acompañar las diversas vocaciones es misión de todos los educadores, de todas las familias, de toda sociedad si queremos que cada cual encuentre su lugar en el mundo y que nuestro mundo sea cada día mejor.