Seleccionar página
«La noche entre el 24 y 25 de agosto de 1648 velaban al enfermo (Calasanz) los PP. Vicente Berro y Ángel Morelli. Pasada la medianoche advirtieron que Calasanz se moría. Mientras el P. Berro —que es quien lo cuenta— empezaba la recomendación del alma, el P. Morelli tocó la campana y acudió toda la comunidad… «Cedí la estola y el ritual al P. Castilla como superior de la casa. Prosiguió la recomendación, acompañándole todos y oyendo cómo el Venerable Padre contestaba a todo. Alzó el brazo derecho como para bendecir y en ese momento, sin movimiento ni estertor, sin ahogo ni torcimiento de labios, voló al cielo pronunciando tres veces Jesús, Jesús, Jesús. Eran las cinco y media. Quedó su cuerpo tan hermoso y bien parecido como si estuviera vivo, con color en el rostro y suave sonrisa en los labios… De todos nosotros se apoderó una singular e intensa alegría que nos tenía como fuera de sentido y de tal manera consolados que nos parecía estar de fiesta en vez de luto, y en lugar de abatirnos por el dolor propio del caso, experimentábamos gozo común y universal. En ello estábamos, cuando el reloj de la Sapienza tocó los tres cuartos para las seis [las dos menos cuarto de la madrugada en el cómputo actual]». Al cabo de pocos días hubiera cumplido noventa y un años».
(GINER GUERRI, Severino, “San José de Calasanz”, BAC, Madrid, 1985, pp. 175-176). Imagen de José Segrelles. (https://museosegrelles.es/biografia/)

Exif_JPEG_420