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La Iglesia condenó a Tony de Mello once años después de muerto, cuando ya no podía defenderse. Su delito: enseñar a la gente a despertar, a pensar sin permiso, a encontrarse con Jesús sin intermediarios ni ritos sagrados. La misma institución que encubrió durante décadas a los que destruían a los niños no toleró a un jesuita que enseñaba a hacer fuego. Condenó al que liberaba y protegió al que dañaba.

Tony de Mello no fue un profeta para todos los gustos. Sospecho que, en gran parte, es porque hay que saber leerlo. Hablaba desde la autenticidad: vivía lo que predicaba. Y tenía una cualidad rarísima en el terreno espiritual: su mística era puro sentido común. No pedía creer más, ni rezar más, ni obedecer más. Pedía una sola cosa, la más subversiva de todas: despertar.

Un oso recorría constantemente, arriba y abajo, los seis metros de largo de la jaula. Cuando, al cabo de cinco años, quitaron la jaula, el oso siguió recorriendo arriba y abajo los mismos seis metros, como si aún estuviera en la jaula. …Y lo estaba… para él…

El encuentro con Jesús es una experiencia personal, íntima, de una intensidad que desborda las palabras. Y tiene una firma inconfundible: provoca siempre el amor auténtico al prójimo. Jesús cambiaba la vida de todo aquel que se cruzaba con Él con una mirada, porque transmitía la fuerza del amor incondicional de Dios. Zaqueo, la samaritana, el buen ladrón: nadie salió de esa mirada igual que entró.

Y la gente desfilaba en interminables colas para arrodillarse ante los instrumentos de hacer fuego, y adorarlos, y pedir favores, y ofrecer sacrificios a cambio. Pero ya nadie hacía fuego…

Un maestro desinteresado quiere discípulos despiertos, no clientes perpetuos. Un padre sano cría hijos con espíritu crítico y libertad para ejercerlo; solo un padre enfermo necesita hijos eternamente dependientes, culpables, incapaces de concluir nada por sí mismos. Donde la estructura necesita fieles así, no hay maestro: hay coerción.

Un discípulo preguntó al maestro: —Maestro, ¿cómo sé si una doctrina me esclaviza? El maestro respondió: —Muy fácil: mira si te enfadas cuando alguien la cuestiona.

Fuente en Religión Digital: https://short.do/HgIXBK