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El Colegio Calasanz cumple cien años «educando al futuro». El 13 de septiembrede 1926 una quincena de alumnos abrieron las puertas de este centro que en la actualidad cuenta con unos 800 estudiantes.

Un año más, en el Colegio Calasanz de Santander «las campanas repican vibrantes», aunque en esta ocasión el sonido es incluso más sonoro y solemne. El motivo de tal melodía es la celebración del centenario de este histórico centro de la capital cántabra. Y es que, precisamente hoy, 13 de septiembre, alcanza los cien años «educando al futuro». El colegio toma el nombre de San José de Calasanz (Peralta de la Sal, Huesca), creador, en 1597 en el barrio del Trastévere (Roma), de la primera escuela popular y gratuita de Europa y fundador, a su vez, de las Escuelas Pías.
Ubicado en el paseo de Canalejas, la institución académica, también conocida como los Escolapios por la orden que lo regenta, fue fundada por el padre Bernabé Peña Gómez en 1926. Por entonces, las puertas se abrieron un día como hoy hace cien años con quince alumnos, distribuidos en dos clases de Primaria, que estuvieron a cargo del hermano José Baquedano y del padre Pedro Turiel. Un siglo después, el colegio acaba de iniciar el curso con unos 800 alumnos. En estas diez décadas de historia han sido más de 18.500 las personas que se han formado en las aulas del Calasanz, un centro donde han impartido clase 225 profesores y 150 padres escolapios, y que además ha contado con 45 empleados de personal no docente.
Pero antes de hablar del presente y futuro del colegio hay que tratar el pasado. Repasar los años de un tiempo atrás que han hecho posible que, a día de hoy, la institución pueda soplar las cien velas «con muy buena salud», según afirma el director general del centro y de Secundaria y Bachillerato, Ramón Jerrú.
El origen se remonta al 25 de agosto de 1926, cuando se puso la primera piedra tras adquirir el padre Bernabé Peña Gómez, en enero de ese mismo año, la finca denominada ‘Castanedo’, donde se emplazó el colegio. Por entonces, se habilitaron algunas de las dependencias del chalet ya erigido en la parcela, para adecentarlo y poder impartir la docencia en ese inmueble. Cabe destacar que el nombre original del centro fue ‘Colegio San José’ de los P.P. Escolapios. Sin embargo, al comienzo de los años 80 del pasado siglo cuando, para evitar confusiones, ya que había dos centros en Santander llamados ‘San José’ –el masculino y el femenino–, se solicitó el cambio de nomenclatura al actual: ‘Colegio Calasanz’.
«Habrá varias celebraciones y grandes eventos, en los que se tendrá en cuentaa antiguos alumnos yal profesorado actual»

Director general del Calasanz
El devenir histórico del país también tuvo su reflejo en la institución. Al comienzo de la Guerra Civil, después de una breve utilización como cuartel de milicianos, el 22 de agosto de 1936 el inmueble fue destinado a Instituto de Segunda Enseñanza con el nombre de ‘Instituto Menéndez Pelayo’. En agosto del año siguiente, se convirtió en Hospital de Sangre, para después pasar a ser base e instalaciones de la Legión Cóndor. Al tener el edificio otra ocupación, los Escolapios impartieron sus clases de manera temporal en el edificio número 8 de la calle Bonifaz hasta 1937, cuando el colegio fue devuelto a las Escuelas Pías.

El centro educativo ya se asentó de nuevo en su histórica ubicación y en las décadas de los 40, 50 y 60 se compraron nuevas fincas y el colegio fue creciendo por toda la cuesta del paseo de Canalejas. Este hecho trajo consigo la mejora de las instalaciones tanto deportivas como escolares. El éxito fue tal que en la inauguración oficial del pabellón deportivo se disputó un partido de balonmano entre las selecciones de España y Suiza. Otro hito reseñable fue en 1968, cuando el Calasanz –San José, por entonces– resultó ganador del concurso televisivo ‘Cesta y Puntos’. Según apunta el padre Javier Cavada, quien fuera rector de la comunidad San José, la fiesta homenaje en el patio del colegio fue «la primera retransmisión televisiva en directo desde Santander».
Años después, en la década de los 70, el centro obtuvo la subvención estatal para los niveles de EGB, unas partidas que mantiene a día de hoy al ser un colegio concertado en Infantil, Primaria y Secundaria, a excepción de Bachillerato.
También, como curiosidad histórica, cabe reseñar que en los Escolapios solo estudiaban hombres. Las mujeres comenzaron en el curso 1985-86 en COU (Curso de Orientación Universitaria) y en los siguientes años se fueron incorporando al resto de etapas. Desde entonces, la figura femenina está más que asentada.
Durante los cien años de vida del centro, por sus aulas pasaron alumnos que después se convirtieron en personajes ilustres y con relevancia regional y nacional. Entre ellos, destacan políticos como Alfonso Osorio, vicepresidente del Gobierno con Carlos Arias Navarro y Adolfo Suárez; Ángel Díaz de Entresotos, José Antonio Rodríguez, Jaime Blanco, Juan Ignacio Diego y Juan Hormaechea, todos ellos presidentes de Cantabria; y Joaquín Leguina, quien fuera jefe del Ejecutivo de la comunidad de Madrid.
A su vez, hubo perfiles relacionados con la cultura y la ciencia, como Álvaro Pombo, escritor, académico de la RAE (Real Academia Española) y Premio Cervantes; los hermanos Ramón y Fernando Calderón, ambos pintores; José Cobo y Ramón Muriedas, escultores; José Ramón Sánchez, pintor e ilustrador; y José Carlos Flores, médico e investigador. Exalumnos con éxito en el ámbito deportivo, como Alejandro ‘Jan’ Abascal, campeón olímpico de vela en Moscú 80; y los futbolistas Gonzalo Colsa y Quique Setién, entre otros, también se formaron en los Escolapios.
El presente y futuro del colegio pasa por las manos del padre Salvador Jiménez, rector del centro, y del director general y de Secundaria y Bachillerato, Ramón Jerrú, quien recibió a El Diario Montañés con motivo del centenario de la institución. Tras realizar un recorrido por las instalaciones –salón de actos, gimnasio, parroquia, pistas de tenis en el tejado, canchas de baloncesto, campo de fútbol artificial, pabellón y varios patios cubiertos, entre otras– Jerrú analizó la situación de los Escolapios, resaltando que el colegio llega bien a los cien años: «Pese a que la natalidad vaya decayendo, el número de matrículas que tenemos es bastante constante».
A su juicio, este dato debería de haber caído en igual proporción, «pero nos mantenemos». Es por ello que desde la Dirección se muestran «contentos» con los alumnos que ostenta la orden escolapia. Es más, Jerrú cree que es «un exitazo» llegar a tener unos 800 estudiantes, que se distribuyen en cinco aulas en Educación Infantil; 15, en Primaria; 15, en la ESO y otras cinco en Bachillerato. «Muchos de ellos llegan con un añito y se van con 18, de ahí que tengamos ese ambiente tan familiar», dice. Sobre el avance de las tecnologías y cómo se aplican en las clases, el director general apunta que se ha optado por una «educación y metodología mixta», en la que se combina, según la materia, «el ordenador con el cuadernillo y el bolígrafo de toda la vida».
«Se escoge lo mejor en función del momento, y no somos esclavos de las herramientas», sostiene. Así, las aulas cuentan con proyectores y otras tecnologías, que se complementan «con los pizarrones que ya ni se ven en otros colegios». Esta apuesta, explica, se debe a que el centro tiene unos márgenes de trabajo y unos marcos pedagógicos, «junto a unas características propias del alumnado escolapio», que «no debemos perder». «Es el modelo de persona que queremos para la sociedad», añade. De ahí que, el fin del Calasanz sea «el desarrollo integral» del estudiante, «formándolo académicamente con garantías y también con enseñanza humana y de valores». «Es lo que nos caracteriza», afirma. Unas cualidades que también, destaca, se ven reflejadas en las distintas modalidades deportivas del colegio, como fútbol y baloncesto.
Dejando a un lado lo puramente educativo, Jerrú avanza, «sin poder desvelar mucho», cómo se festejará el centenario. «Hay preparadas varias celebraciones y grandes eventos, en los que se tendrá en cuenta a antiguos alumnos, al profesorado actual y a personajes ilustres». Eso entre otros actos, ya que se realizará algo «acorde a lo que el hito se merece». «Todos los años se cumple un año –valga la redundancia–, pero cumplir cien años es algo muy especial», opina el director general.

Los mayores que fueron niños
La vida es un ciclo. Los que en un momento, cuando eran niños, estuvieron como alumnos en el colegio, ahora de mayores son ‘huéspedes’ del mismo. José Atienza y José Antonio Simón Quintana son dos padres escolapios que estudiaron en el centro y que en la actualidad viven en la residencia anexa. Ahora, con 91 y 87 años, respectivamente, echan la vista atrás por el centenario y se acuerdan de aquellos tiempos mozos en los que al profesor se le trataba de usted, «y con muchísimo más respeto que ahora», iban con corbata a clase y se formaban en una «cultural general», que abarcaba tanto las letras como las ciencias.
«Todo ha cambiado mucho desde entonces», coinciden. Eso sí, lo que no ha cambiado después de tantas y tantas décadas ha sido la «gloria y honor a Calasanz». Por cien años más de ‘Piedad y Letras’.

Fuente: El Diario Montañés en https://short.do/X1ovfh