Con el paso de los meses, Brian notó transformaciones profundas. Se volvió más amable con los demás y encontró un propósito renovado.
Comparó su experiencia con los años dedicados al yoga, disciplina que había practicado e incluso enseñado. Aunque valoraba esa práctica, aseguró que nunca le había producido el mismo cambio interior que la lectura de la Biblia. «Con la Escritura, salgo queriendo ser mejor con los demás», explicó.
Lo que comenzó como un experimento dejó de serlo. «Me cansé de fingir. Esto es real», declaró en un vídeo. Poco después confesó: «Jesucristo es real. Jesucristo es mi Señor y Salvador».
Su proyecto dejó de ser un reto para convertirse en una experiencia de fe personal. Brian comenzó a compartir el Evangelio en parques de Nueva York, conversando con desconocidos y ofreciendo pasajes bíblicos. En una ocasión, alguien lo llamó «celebridad», a lo que él respondió: «Jesús es la celebridad».
Tomado de Religión en libertad: https://short.do/Y0ZACJ
